PLA.- 68

PLA.- 68
Editorial:
PLANETA
Número Edición:
Materia
HISTORIA
ISBN:
978-607-07-3371-0
Disponibilidad:
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a niña de Jaime crecería en un mundo peor. Dentro de muy poco su padre estaría en la cárcel. Pero ser mujer en el 68 no era mala cosa. Era para miles de compañeras, la oportunidad de ser igual. El 68 era previo al feminismo. Era mejor que el feminismo. Era violentamente igualitario. Y si no lo era, podía serlo. Un tipo, una tipa, un voto, un bote de colecta, un montón de volantes, un riesgo. Eso de entrada, poco importaba si tenías falda o pantalón. Y ser hombre en el 68 era mejor, porque existían esas mujeres.

Las mujeres eran maravillosas. Eran guapas, guapísimas. Paseaban su indiscutible belleza con desenfado y sin cosméticos… En principio, toda referencia que se respete ha de ser cinematográfica, pero no funcionaba Anita Ekberg o Sofía Loren, ni siquiera la dulce mirada de Kim Novak o la trompita parada de Elke Sommer. Porque los sesentas fabricaban sus propias referencias a más cuadros por segundo que la pantalla: minifaldas, una novela de Simone de Beauvoir bastante leída colgando de la mano, medias caladas, cintas de terciopelo en la melena, peinados de fleco, faldas escocesas, botas con pantalón vaquero, cenas con velas, vino blanco y jamón serrano. Yo me he quedado ahí para siempre de los siempres. Incluso estaba allí detenido cuando tres años después conocí a Paloma. Y creo que desde ahí me quedo viendo a mi hija de dieciséis años cepillarse el pelo en estos lejanos noventas.

¡Qué pinches mandilones éramos! No sabíamos taquear, nunca habíamos bailado un danzón en una vecindad, eso vino después. Y a mí, que he llegado tarde a casi todo, nunca me gustaron las tecates con limón y tequila. Nos faltaba sentido del humor y propiedad en tantas cosas. Nadie era capaz de defender las malteadas de chocolate o las quesadillas en la puerta de la panadería. Quizá las mujeres fueron las primeras que empezaron a reivindicar ese tipo de cosas a mitad de una observación sobre Los cachorros de Vargas Llosa. Tenían mayor sentido de lo cotidiano, eran menos limitadas que uno.